Comentario Nº 126, 1 de diciembre de 2003
El futuro de Iraq
El cambio repentino de la política estadounidense con respecto a la celebración de elecciones en Iraq trae a primer plano la cuestión del futuro de ese país. El procónsul estadounidense, Paul Bremer, esperaba que el consejo de gobierno interino nombrado por él elaborara una constitución al gusto de Estados Unidos y que luego, un año o dos después, se celebraran elecciones con esa constitución. El gran ayatollah Alí al-Sistani, el principal jerarca shií de Iraq, dio a conocer en junio una fatwa considerando inaceptable ese procedimiento y proclamando que sólo una asamblea iraquí elegida podía elaborar una constitución. Al-Sistani ha sido el líder shií menos hostil a Estados Unidos, el más dispuesto aparentemente a cooperar, y eso significó un duro golpe para las intenciones estadounidenses.
A Paul Bremer le ha llevado cinco meses darse cuenta de que no podía simplemente ignorar a Al-Sistani y proceder sin su apoyo, por lo que voló a Washington y regresó con un supuesto compromiso. Estados Unidos permitiría elecciones primero y una constitución después. Pero las elecciones que propuso serían las de múltiples asambleas regionales, compuestas por personas aprobadas por las autoridades estadounidenses, que elegirían al grupo encargado de elaborar la constitución. El gran ayatollah Al-Sistani emitió entonces otra fatwa diciendo que eso era igualmente inaceptable. Todo el mundo espera a ver qué es lo que hace Bremer ahora. Por el momento está tratando de que Al-Sistani se retracte. Buena suerte.
¿Cuál es el problema? El problema es que Estados Unidos se enfrenta a un dilema, claramente enunciado por el senador Jack Reed, un demócrata moderado: "Una elección apresurada podría llevar al poder a una persona que no comparta los valores que estamos tratando de alentar. Pero cuanto más esperemos, más se parece a una ocupación". Traducido, eso significa que Estados Unidos desea unas elecciones que proporcionen resultados que le vengan bien, y le preocupa que eso pueda resultar difícil. Pero dado que Estados Unidos proclama que invadió Iraq para llevar allí la democracia (léase: las elecciones), es igualmente difícil no celebrarlas.
¿Qué es lo que desea Estados Unidos en este momento? ¿Democracia, signifique eso lo que signifique? Realmente no. Lo que desea Estados Unidos es un régimen complaciente que pueda mantener con éxito el orden interno y que de facto sea un aliado de Estados Unidos en la arena mundial. Esto es, desea un régimen que no se entrometa mucho en el conflicto Israel/Palestina, que no permita a los franceses o a los rusos obtener ventajas económicas sobre Estados Unidos, que no sea un refugio para islamistas o "terroristas", y que no trate de desarrollar armas nucleares. Quiere un régimen más o menos como los de Egipto y Jordania. Ah, y también quiere un régimen que le permita tener bases allí, en caso de que a Estados Unidos le convenga. En cuanto al resto (derechos para los movimientos de oposición, derechos civiles, derechos de las mujeres), a Estados Unidos le trae sin cuidado, con tal que el régimen iraquí que se establezca no haga nada para estorbarle internacionalmente.
¿Puede lograr Estados Unidos esos objetivos? No será fácil, ya que se encuentra en una situación militar muy complicada, y no soy yo quien lo dice sino el general Barry McCaffrey, profesor de estudios sobre seguridad internacional en West Point, que estaba al mando de la 24ª División de infantería mecanizada en la guerra del Golfo de 1991. Así pues, no se trata precisamente de un pacifista, un izquierdista o alguien que ignore la realidad militar. Veamos lo que decía en The Wall Street Journal el 28 de noviembre de 2003: "Iraq es un caos político y militar, y no está mejorando [...] Donald Rumsfeld niega la realidad [...] El ejército estadounidense se está tensando hasta el punto de ruptura [...] A muchos de nosotros nos preocupa que no sea capaz de desarrollar la estrategia en que nos hemos embarcado en Iraq porque no podamos mantenerla [...] El núcleo del problema es que las fuerzas estadounidenses en Iraq se están viendo obligadas a irse retirando".
Hasta el momento, todos hemos aprendido la realidad básica de la política iraquí: el país se divide en tres zonas: kurdos al norte, árabes sunníes en el centro y chiíes al sur. El petróleo se localiza en el norte y en el sur, pero no en el centro. Los árabes sunníes han dominado todos los gobiernos iraquíes desde la creación del Estado moderno, para desgracia de kurdos y shiíes. Demográficamente, en cambio, los shiíes constituyen alrededor del 60% de la población total, y unas elecciones libres y sin trabas darían lugar sin duda a un gobierno dominado por ellos, algo que complacería ni a los árabes sunníes ni tampoco a los kurdos.
Una "solución" de la que se ha hablado es la de dividir el país en tres Estados soberanos separados. Eso podría servir a los intereses estadounidenses, ya que haría desaparecer de la arena geopolítica mundial una importante potencia media convirtiéndola en tres pequeños Estados, que como bien sabe Estados Unidos son más vulnerables a sus presiones. Pero hemos visto lo que sucedió en Yugoslavia cuando se rompió el Estado federal: sólo uno de los países resultantes era étnicamente homogéneo, pero todos los Estados estaban en manos de grupos étnicos dominantes que pretendían crear países étnicamente homogéneos, recurriendo si era preciso a la limpieza étnica. O si, como en Bosnia, no había una clara mayoría étnica, el Estado se dividió de facto en tres subEstados. Difícilmente cabría proponer Yugoslavia como el modelo que los iraquíes deberían seguir.
¿Pero quieren efectivamente seguirlo? Bueno, los kurdos dirían que sí. Pero los árabes sunníes se opondrían violentamente, ya que lo perderían todo (un Estado que era poderoso, el poder en ese Estado, el petróleo...). Y probablemente los shiíes se opondrían también: ¿Por qué apostar por un Estado shií cuando podrían tener todo Iraq dominado por ellos? La división de Iraq no sería tampoco tan fácil. En el norte kurdo hay minorías significativas de árabes sunníes y turcomanos. Los primeros lucharían porque Kirkuk, el centro petrolífero y una ciudad en la que viven muchos de ellos, perteneciera al Estado árabe sunní; y los turcomanos darían la bienvenida a una invasión turca que el gobierno turco podría llegar a considerar en serio. En el centro existen significativas minorías kurdas y chiíes. Al Estado shií en el sur (el más homogéneo étnicamente de los tres) le resultaría difícil mantenerse a distancia de Irán, algo que sería más fácil si Iraq se mantuviera como Estado unificado. En resumen, si Estados Unidos procediera a dividir Iraq se podría añadir una considerable violencia entre iraquíes a la actual guerra de guerrillas contra Estados Unidos. No parece un panorama muy deseable.
Así pues, ¿qué sucederá? Nadie puede estar seguro en este momento. Es poco probable que los exiliados iraquíes que Estados Unidos reintrodujo allí y que son sus favoritos sobrevivan al proceso electoral. Las elecciones (y habrá elecciones) darán lugar probablemente a un régimen que pedirá la retirada estadounidense sin expresar una hostilidad total. ¿Dejarán de existir entonces las guerrillas, o se atenuarán sus efectos? Eso depende de que el nuevo régimen iraquí pueda obtener suficiente legitimidad y fuerza para aplastarlas. Ambos elementos son dudosos en este momento. Y en el trasfondo siempre existe la posibilidad de un resurgimiento de las fuerzas baazistas.
¿Y las fuerzas estadounidenses? Como sugiere el general McCaffrey, probablemente "irse retirando", porque también hay elecciones en Estados Unidos, algo no muy conveniente en este momento, y entre la población estadounidense hay muy pocos halcones reales. Además de los que se oponen directamente a la guerra, hay grupos muy grandes que "apoyarán" a las tropas mientras están allí, pero lo que realmente desean es que regresan a casa cuanto antes. Los halcones y los militaristas de la administración de Bush pretenden aferrarse a su objetivo inicial de conseguir un régimen proestadounidense plenamente asentado en el poder en Iraq, pero los consejeros políticos de Bush pueden comenzar a presionarle para que retire las tropas. Como he dicho en otra ocasión, Bush no tiene ninguna buena opción disponible. En cuanto a Iraq, pasará mucho tiempo antes de que se restablezca una situación políticamente estable.
Immanuel Wallerstein (1 de diciembre de 2003).
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